Fagot histórico vs fagot moderno
En el artículo anterior he hablado de pintura porque siempre parece más fácil o, por lo menos, más directo que hablar de música. En la pintura el objeto de arte llega directamente del autor al espectador, sin intermediarios; sin intérpretes. A pesar de esto existen mil formas de mirar un cuadro, de acercarse a un objeto.
La música complica todo aún más porque no sólo hay que contar con la visión del público, sino también con la del intérprete a través de quien nos llega la obra.
Al explicar mi intento frustrado de acercarme a la visión del siglo XVI, intentando no pensar en los años posteriores a la creación del cuadro, probablemente, se me tachará de ingenua; pero, entonces, ¿por qué no suena tan extraño cuando se intenta hacer lo mismo con la música y se busca tocar tal y como se supone que sonaría en la época, olvidándonos por completo de que tanto el músico como el público conoce y tiene en el subconsciente una serie de autores y obras posteriores que van a condicionar inevitablemente su escucha?
Sin duda, creo que es necesario conocer y acercarse a las versiones históricas, estudiar la intención del compositor y situar la obra dentro de la estética de la época en la que fue compuesta; pero no por ello es necesario renunciar al gusto posterior, a las modas ni, por supuesto, al propio gusto del intérprete a la hora de entender y reproducir la obra.
Al recapacitar sobre las interpretaciones con instrumentos de música antigua me surgen muchas dudas. Por una parte, comprendo que esta moda nace de la necesidad de acercarse al compositor y a la estética de una época determinada. Esto se debe a que desde el romanticismo hasta gran parte del siglo XX, hubo en las interpretaciones un alejamiento excesivo de lo que, probablemente, eran las primeras versiones. Ante este exceso, se produjo una reacción pendular por parte de intérpretes y musicólogos que pretendían reconstruir o suponer cómo sonaría una obra en la época en la que fue compuesta.
De éste interés surge la idea de tocar con instrumentos originales, porque de este modo se piensa que se consigue tocar tal y como quería el compositor que sonase su obra.
La hipótesis, aunque parece sólida, hace aguas en cuanto se intenta llevar a la práctica, ya que es imposible conocer demasiados detalles fundamentales para ser fieles a la restauración de una obra (porque esto es lo que entiendo que se busca en un principio).
Al igual que a mi me resultó imposible abstraerme del presente en el cuadro de El Bosco, no creo que sea posible hacerlo en música sin inventarse el pasado.
En realidad, escuchamos a intérpretes tocar instrumentos históricos con gustos y técnicas del presente, (o de hace algunos años). Es extraño oír esta mezcla: a menudo, el instrumento antiguo parece un disfraz grotesco que intenta camuflar una técnica (como un uso del vibrato o una forma de frasear determinada) que, con una escucha atenta y especializada, ni siquiera es difícil saber de dónde proviene.
Por otro lado, también escuchamos a músicos tocar con instrumentos de nuestro tiempo con una adecuada contextualización que les lleva a situar la pieza en el marco histórico a la que pertenece. No sólo no renuncian a usar una serie de recursos técnicos que poseen para aplicar al instrumento, sino que tienen en cuenta la estética de la obra que tocan, uniendo así el pasado con el presente.
Esto es precisamente lo que busco conseguir en mis interpretaciones en general y por esto uso un fagot y recursos modernos: Quiero tocar con instrumentos de mi tiempo y ser sensible a la época de la obra, pero sin pretender en ningún momento olvidarme del presente o de un pasado más cercano.
